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martes, 17 de noviembre de 2015

David entre tantos otros

Tu pelo es una siembra de oscura cebada
tus ojos piedras de azabache en pura plata,
tu perfil acantilado sobre la playa.
Tu cuerpo es un árbol, tus manos sus lianas.

Tu voz me envuelve. Tus palabras son melaza.
Tu hablar es dulce, como miel que se derrama.
Decires de canela y azúcar de caña
entran por mis oídos confitándome el alma.

Por mí dices morir, por mí hoy te desangras,
te arrancas la piel o te sacas las entrañas.
Sin mi presencia no hay aire, luz, tierra o agua.
Te hieren los espacios donde no me hayas.

Llegado el ocaso, cual máiz te desgranas
se convierte en hiel toda sabia azucarada
y el candor de aquella antes ardiente mirada
se torna gélido y me congela hasta el alma.

El viento de tu voz que antes me susurraba
quiebra a su antojo cosechas de caña y palma.
Tu piel, que es mi sol, esconde su aura dorada
tras el silencio enrocado de una montaña.

Los juramentos veloces rápido marchan
quedan sólo ecos resonando en la distancia.
Y el banquete de tu amor se vuelve migajas
pues tus promesas de ayer no eran sino falsas.

jueves, 16 de enero de 2014

Agurra

-Joango naiz. –Esan zenuen ahots ozenez.

Eta egia zen, poltsa eskuetan zeneraman eta. Joateko prest zeunden eta nik ez nuen ezer esango. Guztiz lasai nengoen. Birikak airez betetzen eta husten ziren betiko lasaitasunez. Banekien egunen batean joango zinela. Inoiz ez nuen nirekin betirako geratzea espero izan eta azkenean, une hura heldu zen.

Leihoak itxirik zeuden. Hala eta guztiz ere, kanpoko euria entzuten zen... entzuten zen kanpoko haizea. Bat-batean, hotza sentitu nuen. 

Iazko gabonetan oparitutako jertse gorriaz jantzita nengoen. Etxean nengoen, idazten, faktura zaharrak bere tokitan gordetzen. Arratsalde osoa eman nuen lan honetan eta konturatu gabe, jadanik gaua etxeko atarian zegoen.

Aulkitik altxatu nintzen arkatza, orduan, atzamarren artean harturik. Ahoa ireki nuen zerbait ezango banu bezala, zerbait esateko beharra izango balitz bezala. Hitz bat ere ez zen kobazulo gorri honetatik atera, soinu bat ere ez zen entzun. Esan ahal nuen guztia txikia izango zen, gure artean zegoen putzu sakonean eroriko zen eta entzungo genuen bakarra ura nahasiaren hotsa izango zen.

Egongelan, bata bestearen aurrean pausatu ginen, bata besteari begiratzen ezezagunak izango bagina bezala. Zure begi ilunak triste samar ikusten ziren eta begiratzen nituen lehenengo aldia zela iruditu zitzaidan.

Minutuak presaka zihoazen. Zalantzazko minutuak ziren: beti talde txikietan doaz eta gainera, presaka dabiltza. Ez zenuen ezer egin, ezta nik ere.

Tupustean ateko zarata entzun zen. Zureak ziren gauzatxo guztiak zurekin eraman zenituen. Etxea hutsik geratu zen, nitaz beterik. Ordutik hona, elkarrekin eman genuen denbora fantasia edo amets anker bat baino ez dela izan uste izan ohi dut. Horregatik hau idazten ari naiz, edozein egunetan errealitatea eta ametsa ezberdintzeko gai izango ez naizelako.

Inoiz ez dudala zugatik malkoren bat bota harrotasun handiz gehitu nahi dut. Txikia nintzela joan direnentzako negarrak guretzat gorde behar ditugula ikasi nuen. Inork ez duelako gugatik negar egingo...

lunes, 16 de diciembre de 2013

Carta al recuerdo de una mujer

Las mañanas en el boulevard, las noches junto a la ventana, te espero, te recuerdo, te invento. Llego entonces a pensar, si no fuiste sólo eso: una foto antigua, un dibujo borroso, una canción poco oída, una invención, un mero recuerdo.

Invocar tu nombre parece un pecado en esta sucia boca, terrena y común. Parece un sueño el haberte conocido alguna vez. Tu recuerdo me tortura, alejándose más y más de mí cada día, pero sin llegar a marcharse nunca.

Mi vida por saber si estás viva o muerta, mi vida por conocer el santo lugar en que tu suave cuerpo reposa, y llorarte; mi vida por llorarte, amor, desesperado y lejano amor.

Me paro a mirar a la gente, los observo, unos con prisa, otros serenos. Ocupados en sus quehaceres, paseando, o tan solo dejando pasar el tiempo, y pongo tu mirada en los ojos de las mujeres que esperan y las palabras nunca dichas, en boca de los hombre que llegan (o no).

Busco en otras caras tus labios de caramelo, el pecado más dulce por mi boca conocido, y trato con toda mi alma de recordar tus breves besos, pero no lo consigo y pienso que quizá nunca llegué a probarlos en realidad…

El mundo se detiene, cuando entre el bullicio de la calle, me sobresalta el rítmico latir de tus zapatitos de tacón, pero recobra pronto su movimiento, cuando me decepciono al ver que es otra muchacha (no menos hermosa, pero no más bella) quien provoca tan continua musiquilla.

Espero tu llegada a mi cita inventada de las mañanas soleadas en el boulevard, espero tu entrada en mi habitación, cada noche lluviosa, junto a la ventana. Espero tu carta, tu visita, tu presencia una vez más. Intento recordar, en las noches de gélido invierno, tu cálida presencia y fuego eterno junto a mí.

Para ti los más desgarradores versos escritos con sangre en algún recóndito lugar. Para ti las primeras aguas de los manantiales recién nacidos, para ti la hermosura de todas las flores de mayo, para ti las canciones de amor y los besos más tiernos.

Loco me llaman los que no entienden de amor, loco me dicen los que el amor no conocen, pero yo no pierdo el tiempo, mi tiempo en el boulevard, mi tiempo junto a la ventana. Lo invierto intentando hacer nítido y cercano tu recuerdo. Ese preciado tiempo, ese, mi tiempo, ese que no cambio por nada.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Entre el amor y la desesperanza, a las puertas de la locura

La oscuridad se cernió sobre mi alma cuando te vi partir y no habrá de amanecer de nuevo hasta que tú vuelvas.

Envuelta en su sudario blanco, acompáñame la soledad. Se sienta a mi lado y me observa mientras escribo esta carta que no podré enviar, pues desconozco amor, dónde te hallas. Es ella mi musa, quien acomoda su espalda contra la mía en esta eterna noche fría, quien me acuna en su regazo y entona cánticos tristes y llenos de lamentos, hasta que el sueño se apodera de mí.

Incluso entre los brazos de Morfeo lloro tu pérdida como una niña huérfana, hambrienta del pan de tu calor; y no habré quizá de encontrar paz ya nunca en el mundo de los vivos. Mas una última esperanza, esa que dicen nunca se pierde, me impide también abandonarme a la muerte, y el terror a perder la conciencia al llegar al inframundo, el miedo a que también me sea arrancado tu recuerdo del corazón, hace que rehuya incluso el descanso eterno.

Afuera llueve, y es tan grande mi tormento, que afuera lluevo yo. Mi ser discurre por los canalones, mi ser se arrastra por la tierra, mi ser gotea, se deja caer desde las ramas más altas de los árboles, que empiezan a marchitarse por culpa del invierno, y se quiebra en mil pedazos al chocar contra el suelo. Mi dolor lo inunda todo, y como el agua de lluvia, llega a todos los rincones, sirviéndome así de consuelo e impidiendo que pueda consolarme.

Con cada lágrima que escapa de entre mis párpados y resbala abrasando mi mejilla, tu imagen, que creía grabada a fuego en mis pupilas, pierde nitidez. Y hace tanto que marchaste, tanto que no te asomas a mis ojos, que a veces no soy capaz de invocar y traer ante mí el rostro de quien se llevó mi esencia y mi vida entre los pliegues de su negra capa. Y mi boca enmudece, si le ruego pronuncie tu bendito nombre…

Que detenga la rueda del mundo su eterno girar. Esta vagabunda del sufrimiento no quiere continuar su viaje. El aire es veneno ahora que tú ya no respiras conmigo: arde a su paso mi garganta y se tornan mis entrañas volátiles cenizas que no sé cuánto más podré retener, envueltas en el triste manto de mi cuerpo seco y ajado.

“Vuelve” le grito al aire. “Vuelve que sin ti no hay vida y sin ti no muero”, le grito desesperada. Y suplico, y gimo y abatida caigo de nuevo y beso el suelo en que un día tú posabas tus pies. Mas el viento traicionero, no lleva hasta tus oídos mi suave letanía, y si lo hace, tú no le prestas atención.

Si existe un Dios yo le imploro que tu piel no acaricie otro pecho, que tu boca no encuentre otro sabor que aquel que yo le infundí con mis labios, que no repose tu cabeza en palma de mano extraña, y que escuches el río de llanto, contra cuya corriente ya no puede luchar más aquella que siempre habrá de quererte y por siempre aguardará tu regreso.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Yo quise quererte y tú no querías (o San Juan)

La hoguera arde ante tu figura oscura, recortándola. Sus llamas como dedos que quisieran alcanzarte, se dibujan sobre tu rostro sereno y plácido: naranja, rojo, naranja… Veo bailar su corazón en tus ojos inescrutables como la noche. Un fuego diminuto pero abrasador que danza en lo más profundo de tus pupilas.
Tu pelo ensortijado ondea al son de la suave brisa, que quiere peinarlo, como peinarlo yo quiero.

Frente a nosotros, en aquel pequeño infierno, la vieja mesa de tu salón y mi pobre perchero carcomido se ven presos de un calor insoportable. Sudores ambarinos recorren sus vetas, que a su paso se vuelven negras.
Él se deja vencer por la fiebre que le inunda y, doblando su fina cintura, se abalanza apasionado sobre aquella en la que más de una vez reposaste tus pies cansados. Ella le recibe con un beso y se desploma bajo su peso, olvidándose de los testigos que les rodean.
Se abrazan los amantes candentes. Crepitan sus almas y hierven. Susurran, y ríen, y lloran en el idioma de los muebles ajados.
Mi perchero ama a tu mesa. Creen los dos que salieron del mismo árbol. Mañana sólo quedará un cerco de cenizas humeantes como recuerdo de su romance y de sus cuerpos que retozaron en la hierba, sobre montones de astillas carbonizadas.

Noche del veintitres. Deben ser casi las doce y, allá arriba, las estrellas titilan lejanas, ausentes, ignorantes de todo mi dolor. Salta el fuego, pide un deseo, pero no me lo digas, que yo el mío también me lo guardo. Y es que no quiero que sepas cuánto quiero quererte.

Qué no daría yo por una mirada de tus ojos hechiceros, ladrones moriscos, perlas oscuras, en esta noche mágica de bruja luna menguante. Y es que también quiero fundirme contigo y dejar que el candor de mi corazón nos abrase y consuma por completo.

Cuando ya no quede nada, ni fuego, ni niños que corren, ni gritos, habré de soñar contigo: un misterioso fantasma ante la hoguera, la tez teñida de llamas: naranja, rojo, naranja…

martes, 13 de enero de 2009

Lo que Soy sin Ti

Como los Pet Shop Boys, pero sin teclado,
una casa de quince pisos, que no tiene tejado,
una bici vieja con las ruedas muy hinchadas,
gusana de seda de hojas de morera empachada.

Como un juez que no puede ser imparcial,
media naranja que no encuentra su otra mitad.
Como un gato que no maullara tras una gata,
o un pirata que conserva sanas sus dos patas.

Soy una estudiante, sin máster o doctorado,
una profesora, sin contrato de funcionario.
Como un timón que no puede girar a estribor
o una boda sin su incómoda lluvia de arroz.

Soy un cóctel sin hielo. Un batido sin pajita.
O como el invierno sin castañas calentitas.
Soy una gran finca sin valla que la proteja.
Como “Verano Azul” sin vacaciones en Nerja.

Como un lunes gris, aún muy de mañana,
una abuela que no hace compota de manzana.
Calcetines raídos con agujero para el pulgar
o un corro de niños que no supieran a qué jugar.

Soy una chica que no sabe andar con tacón,
y a quien Sabina no le dedica una canción.
Como una lavadora que no centrigufa,
una azafata de vuelo sin depilar, muy ruda.

Soy un guardacostas sin un rojo flotador,
New York triste, sumido en el Gran Apagón.
Una pastorcilla que pierde a su oveja negra
o un vidente que no sabe leer las estrellas.

Como un teléfono que no sabe hacer ring-ring,
o una reina que en Navidad no da un festín.
Un perro que no entierra hondo sus huesos,
alguien que no fue joven antes de hacerse viejo.

Como un heavy que no escucha a los Judas,
un filósofo que no busca aclarar sus dudas.
Como el verbo andar si le quitaran su dé,
un monje que encontró a Dios y perdió la fé.

domingo, 11 de mayo de 2008

Yo soy un Bukowsky cualquiera.

La chica tumbada a mi lado debía llevar un buen rato despierta. Se apartó una botella de cava de los labios. Estaba medio vacía y no parecía tener fuerza. La habríamos descorchado la noche anterior y, a juzgar por mi dolor de cabeza, no había sido la única. No recordaba su nombre. El de la chica. El cava era Codorniú.

Me tendió la botella y dijo “bebe”, a lo que yo respondí con una exclamación interrogativa.

Su cuerpo no era espectacular, pero estaba delgada y alguna vez seguro que fue preciosa. Las caderas anchas delataban que había tenido al menos un niño en su vientre. Yo pensé “bebé”. Y luego me di cuenta de que sus facciones eran hermosas, aunque tenía cierta pelusilla bajo la nariz. La clase de bigote que a uno no le molesta sobre el labio de la mujer que ama. Pero yo no amaba a aquella mujer.
Y sentí lástima. No por ella. Sentí lástima de aquellos pelillos. De haberlos visto. De tener el corazón no vacío, sino no lleno de ella. Sentí lástima, porque el despertar habría sido mucho más hermoso si hubiera podido ser la chica de mis sueños o hubiera sabido al menos, que habitaba en los sueños de alguien.

Tenía aquellos ojos claros vidriosos y algo húmedos. Aquella chica tumbada a mi lado debía llevar un rato despierta. Despierta y bebiendo.

Me tendió la botella y dijo “bebe”, a lo que yo respondí “¿Qué?” en tono de incredulidad, debido a lo joven que era la mañana. Después ella dijo “Tú tampoco eres lo que me gustaría, pero esto ayuda a que me de igual”.

El resto ya no lo recuerdo.

viernes, 21 de marzo de 2008

The Last Fuck

You can already go,
as fast as you want,
but I wish you to know
that I wanted a last fuck.

The Sun can go to sleep,
years and years can pass by.
I’ll stay in bed, waiting
for my fuckin’ goodbye fuck.

‘Cause you’ve made me wrong.
‘Cause you’ve made me cry.
‘Cause you’ve drove me crazy.
But there were two things
(I think) you did quite right:
One: to hurt & Two: to fuck.

I know shit just happens,
but you were worse than shit.
A kind of compensation
must be given to me.

Come on my sweet bitch,
you know how we did it…
I know you can’t love me,
But that’s not what I’m askin’ for!