Caminas por la gran ciudad como perdido, buscando algo que te recuerde a mí, teléfono en mano por si, a través del cromo y el cristal, hago acto de presencia.
Aún recuerdas mis dedos rasgando el aire, una seña, un saludo, cuando en pleno enero el sol decidió regalarnos un día claro y cálido, para que calor sintiéramos al volver a encontrarnos. Salías apresurado del trabajo, la corbata demasiado suelta para resultar elegante, el cabello algo alborotado y el gesto expectante, como un reflejo de tu corazón. Querías encontrarme pronto y era fácil avistar a la chica de colores entre la homogénea muchedumbre gris con la que has contraído matrimonio, al menos de lunes a viernes. Te asombrarías al verme. Seguro. Porque siempre se asombran aquellos que hace mucho que no se rozan con las pupilas. Y yo me asombré también.
¿Dónde has dejado al chico que soñaba asomado a su mapa del mundo, que vivía en el camino y volvía después, cansado pero sonriente, a posar su vista en el mágico papel que le mostraba, estampados en colores, todos los posibles horizontes, para marcar con chinchetas sus nuevos territorios conquistados?
¿Cómo sobrevive el pajarillo mochilero del que me prendé perdidamente hace ya mucho tiempo en esa burda jaula de cemento blanqueado, sin trazas de arte o creatividad pero que inadecuadamente, como con ironía o en socarrón tono de burla, llamaron Picasso? ¿Cómo extenderá sus alas si se las cosieron a un traje? ¿Cómo alzará el vuelo si sus pies se ven obligados a arrastrarse amargamente sobre el asfalto cada mañana?
Me agarras, pero no con las manos, sino con el ansia. Tratas de atraparme aunque sabes que me escaparé entre tus dedos como arena fina de las playas de esos confines de la tierra que visitamos sin el otro. Soy una prueba, prueba que respira y camina, de que existe otro modo, otra manera, otra salida. Y cuando me hablas, cuando me sientes, es como si tú también hubieras escapado.
Quiero besarte como si fuera yo un príncipe salvador y tú una aletargada Blancanieves que necesitará una lengua que le hurgara más allá del paladar para sacar de su garganta un fragmento de fruta envenenada con rutina y devolverte así a la vida. Que mis labios te succionen, te arrastren conmigo fuera del asfalto y de lo conocido, que acaben con tu letargo.
Y quizá debería gritar "¡Ven!" con todas mis fuerzas, hasta que no quedara aire en mis pulmones, hasta que mis ojos se llenaran de lágrimas por el esfuerzo, hasta que mi voz se quebrara. Pero no lo hago. Y quizá deberías gritar "¡Voy"! o no gritar, pero sí venir, o ir, o no sé, pero dejarlo todo esta vez. Pero no vienes, ni vas, o no sé. Y, a pesar de la desazón y la inquietud, mañana el gran astro ardiente volverá a salir por el este. Y se pondrá por el oeste. Y seguirás saludando a tus vecinos. Y todo permanecerá plácidamente inmutable, aunque incómodo, como los lustrosos zapatos de tu primera comunión. Y yo me habré ido y ya no te molestaré como motita de barro, de barro del camino, en el ojo.
Enamorada de la lluvia en invierno y el té muy especiado * Amante de un buen libro en cualquier contexto * Proyecto de escritora y/o poetisa
miércoles, 14 de enero de 2015
lunes, 8 de diciembre de 2014
Efímero Amor de Campaña
Por vivir en la carretera, el corazón se ha helado.
Amor de dos noches, piedra preciosa en el zapato,
compañero fugaz, polvo de estrella en el camino,
mueren en mi útero los hijos que nunca tuvimos.
Tu nombre no importa porque no podré recordarlo,
tu sonrisa habrá de perderse entre otros dientes blancos.
El color de tus ojos enamorados, por mismo,
verdes, azules, o negros de gitano adivino.
Desesperados por cariño prometemos tanto
olvidando a gusto que el alba habrá de separarnos
pues el alma nómada apremia a hacerle a los pies caso
y nos arranca de los brazos a ese nuevo amado.
Abrir el alma al mundo es firmar solitario sino
a la mesa habrá siempre sólo una copa de vino
mas la sonrisa que nos dibuja un nuevo destino
no la brinda un esposo, ni su cariño o su mimo.
domingo, 7 de diciembre de 2014
Crave (Tribute to a dead writer and a living man)
I want to learn how to make perfect coffee in your tiny coffeemaker and hug you from the back when you cook tomatoes with mozzarella although you will insist I have to sit down and I want to go trough all the souvenirs from your shelf that you bought around the world and which remind me of my own although the they are not the same and play chess and highlight the fact that the first time we played I put you in check first and I want to make you angry and then have to work hard on "dis-angrying" you for ages because you have your head low and say you're not a machine and cannot get happy by pressing a button and if I hurt you I hurt you and you don't want to smile but in the end you do and then I smile too and then it's all good and I want to count the moles from your back and go to trendy bars and see you enjoy seeing other men look at me and I want to drink your tea from Russia or my tea from China and change books with you and let you choose my food sometimes because I feel overwhelmed by the variety of huge menus and go out the house wearing our stupid Soviet military outfit knowing people will stare at us and you will say it's like Carnival although it's not and I want to interrupt you while you speak because I do it all the time and say "sorry" then and try to wake you up in the night to make love knowing you will answer you need a bit more sleep and we will only fuck in the morning and I want you to talk badly about the job in the office and feel you still like it after all and hear you say you're trapped like a hamster but see you laugh while saying it too and just look at you when you cannot see me so that I can catch a glimpse of what I think is your soul and set Christmas decorations all over the house and show you my poems and my photos and hear you say they are the best although they might not and I want to bite cherry tomatoes with you and bite your lips while and have a bad time because you shout "blowjob" in restaurants and bars just to make me feel embarrassed and plan a trip somewhere far and look at you like I was licking you with my eyes until I make you feel uncomfortable and I want you to tell me about your sister and your dad and your mum and how much you love them and how they get you on your nerves too and tell you about my mum too and let you find a solution for every problem I have and find myself a solution for everything which bothers you and let you tell terrible jokes and laugh at them because they're funny and buy candles and spread them all around the room and say "surprise" and I want to make you get scared from time to time because it's funny to see you jump and curse and I want to tell you dirty things in Spanish and hear you answer them in Italian and wear one of your old T-shirts as a pyjamas and sing aloud in your car and write you letters and make a scarf for you and rest my head on your chest so that I can listen to your laugh from inside you and let you know that this type of writing is called "interior monologue" and that it surprised the public and critics in the 20th century although you may already know it and let you also know that this piece of shit is inspired in a text by Sarah Kane that reminds me of us although you might already know that too and I want to tell you how much I like you and mention little things you do and are amazing because you feel so special when I do so and maybe tell you I love you one day and hear you saying that home is wherever I am and make the impossible turn possible and be romantic with you because romantic is the only way to be with you and really be with you because the distance is gone and feel we will never lose each other because you cannot lose a part of yourself
martes, 7 de octubre de 2014
Errando Dos Veces
No creí volver a tu orilla en mi barca,
a que se reencontraran nuestros mundos.
Jamás pensé que ardería fogata
donde no quedaban brasas ni humo.
Quiero abismarme en tus ojos de moro,
rozar tu piel de color de avellana.
Abrir en tu pecho una gran ventana
y escuchar latir tu corazón de oro.
Contagia a mis labios sonrisa blanca,
tizna mi alma con deseos oscuros.
Perfúmame de azahar y naranja
destilados de tu cuerpo desnudo.
Quiero escuchar las palabras que añoro,
susúrramelas con tu voz gitana.
Y entre tus suaves manos alazanas
dale a mi espíritu amparo y socorro.
a que se reencontraran nuestros mundos.
Jamás pensé que ardería fogata
donde no quedaban brasas ni humo.
Quiero abismarme en tus ojos de moro,
rozar tu piel de color de avellana.
Abrir en tu pecho una gran ventana
y escuchar latir tu corazón de oro.
Contagia a mis labios sonrisa blanca,
tizna mi alma con deseos oscuros.
Perfúmame de azahar y naranja
destilados de tu cuerpo desnudo.
Quiero escuchar las palabras que añoro,
susúrramelas con tu voz gitana.
Y entre tus suaves manos alazanas
dale a mi espíritu amparo y socorro.
viernes, 8 de agosto de 2014
jueves, 19 de junio de 2014
Song of a Restless Traveller
I don't wanna live too long,
but I wanna live before I go.
I ain't gonna be a passenger,
'cause I can control the road.
Every little step I take
makes me awake and aware
that I hold power in mi hands
to always choose my way.
I'll always be what I am
loyal to me, soul in calm,
won't cover myself with lies
even if all think I'm mad.
I know I can fly real high
I know I can touch the sky.
I'm a river, not still water.
I won't get rotten, then die.
but I wanna live before I go.
I ain't gonna be a passenger,
'cause I can control the road.
Every little step I take
makes me awake and aware
that I hold power in mi hands
to always choose my way.
I'll always be what I am
loyal to me, soul in calm,
won't cover myself with lies
even if all think I'm mad.
I know I can fly real high
I know I can touch the sky.
I'm a river, not still water.
I won't get rotten, then die.
jueves, 12 de junio de 2014
Ensayo sobre las siestas eternas
Gente que se aburre con las películas muy largas. Gente que nunca ha robado manzanas de un huerto. Gente con miedo a tener miedo. Gente con un color favorito. Gente que tamborilea los dedos contra el volante cuando se ve atrapada en un atasco. Gente que se compró unas gafas para mirar el mundo a los 14 y no se ha vuelto a graduar la vista. Gente que dice que no viaja porque todo puede verlo por televisión pero que realmente tiene miedo de marcharse sin una razón para volver. Gente que sólo gasta solidaridad y cariño en Navidad, como si fueran productos estacionales. Gente que no cabe en sí de gozo porque no se le ha pasado el arroz. Gente que habla del peligro con el entrecejo fruncido. Gente estática y temerosa del cambio. Gente que domina su semblante cuando la situación lo requiere. Gente que se defiende con el inglés. Gente que te mira y se congratula porque cree saber lo que estás pensando. Gente a la que le agobia el futuro. Gente que mira hacia atrás. Gente que juzga los libros por los resúmenes de sus contraportadas. Gente que no llora para que no se le corra el Rimmel. Gente que se compra una casa con jardín e instala una valla blanca y picuda alrededor para mirarnos desde detrás con fingida soberbia. Gente vacía de sentires y con la voz aguda, como rechonchos globos de helio. Gente con sofás gastados de tanto sentarse en ellos a esperar que quizá mañana sea memorable. Gente que dice entenderte sólo cuando está borracha. Gente que no grita ni susurra. Gente que piensa tanto sus respuestas que las preguntas dejan de tener sentido. Gente que no lleva la contraria. Gente monocroma. Gente que no corre. Gente que no vibra. Gente que está más muerta que viva. Gente a la que se podría enterrar ya. Gente plácidamente dormidita.
En agradecida respuesta a un Ensayo sobre la rutina
En agradecida respuesta a un Ensayo sobre la rutina
Etiquetas:
Borja Crespo,
Ensayo,
Microrrelato,
Rutina,
Spanish
lunes, 12 de mayo de 2014
Thunders, lightnings, songs
The storm was coming.
He liked them, although he was just a little baby.
He liked them because when the rain was pouring hard and the wind seemed to go all mad, his father would pick him up from the floor and sit him on his lap, on the rocking chair by the window. Then, they watched the lightnings and listened to the thunders together, their bodies pressed against each other's. Sometimes the man would sing for him, his little son, in a rather quiet voice. Old lullabies in ancient languages that linked them too, that made them one along with their ancestors and the ground under their feet.
Those intimate moments may have been what gave him the strength and power he usually showed in front of the others. That façade of calm and peace he was so proud of.
Maybe those storms turned his head and heart into the uncontrollable and wild sea of feelings he, most of the time, felt he was sinking into.
He liked this crazy weather but he would cry sometimes so that his father wouldn't take him for a tiny adult and think he didn't need his strong arms and his songs anymore. He would never get scared. Not then, at least.
However, one day his father was not there to hold his hand anymore. Without even realising, he had, all of a sudden, become a grown up. He was standing on his own.
And he sometimes sings the same old rhythms for those who cannot sleep at night. And he wishes it was not him, but his father who sang. And he wishes it was not for me, but for himself the comforting words are being spelled.
He liked them, although he was just a little baby.
He liked them because when the rain was pouring hard and the wind seemed to go all mad, his father would pick him up from the floor and sit him on his lap, on the rocking chair by the window. Then, they watched the lightnings and listened to the thunders together, their bodies pressed against each other's. Sometimes the man would sing for him, his little son, in a rather quiet voice. Old lullabies in ancient languages that linked them too, that made them one along with their ancestors and the ground under their feet.
Those intimate moments may have been what gave him the strength and power he usually showed in front of the others. That façade of calm and peace he was so proud of.
Maybe those storms turned his head and heart into the uncontrollable and wild sea of feelings he, most of the time, felt he was sinking into.
He liked this crazy weather but he would cry sometimes so that his father wouldn't take him for a tiny adult and think he didn't need his strong arms and his songs anymore. He would never get scared. Not then, at least.
However, one day his father was not there to hold his hand anymore. Without even realising, he had, all of a sudden, become a grown up. He was standing on his own.
And he sometimes sings the same old rhythms for those who cannot sleep at night. And he wishes it was not him, but his father who sang. And he wishes it was not for me, but for himself the comforting words are being spelled.
viernes, 9 de mayo de 2014
La lengua de las mariposas
Había oído hablar sobre la lengua de las mariposas. Pero aquella era otra de las miles de maravillas de poca importancia, rutinarias y cotidianas, de las que aún nunca había tenido ocasión de ser testigo.
Todo ocurrió en un instante. La polilla se posó, con la levedad con la que cae una pluma, sobre el tapón azul de una botella de refresco. Ella, enferma y débil, se quedó mirando aquella enorme alevilla como si en un batir de sus alas se encontraran todas las respuestas a las preguntas que le habían rondado por la cabeza mientras se había visto obligada a guardar cama.
Nunca había podido observar un animal parecido tan de cerca. Pero, con aquel desparpajo (mitad bizarro, mitad estúpido) tan común en las polillas, que se sienten irremediablemente atraídas por peligros hermosos tales como el fuego asesino de algún pábilo candente, aquella decidió asentarse tan próxima que, aunque se limitó a observarla, podría haberla aplastado entre sus dedos sin tener que extender apenas el brazo.
Sus ojos color miel, redondos y casi demasiado grandes para la diminuta cabeza, se movían rápidamente, como comandados por una inteligencia que no se le presupondría a un invertebrado.
El resto de su cuerpo, quizá repulsivo para muchos, se le antojaba repleto de matices y patrones, dibujos fractales de diferentes tonalidades ocres y parduzcas, que no habría podido distinguir en la lejanía. Le resultaba hermoso.
El insecto abrió de pronto la boca y de ella salió un inmenso tentáculo con vida propia que sorbió, probablemente, algún resto de azúcar de la bebida gaseosa sobre cuyo envase estaban apoyadas sus seis patas. Era una especie de latiguillo infinito y enrollado como una espiral, todo del mismo color marrón que el resto de su ser, pero anormalmente largo comparado con éste, y que se movía como a saltos, como a empellones, como si la energía no le llegara de forma continua sino en felices ráfagas de locura.
El tiempo parecía detenido, como invadido por una súbita cachaza que le impidiera avanzar. Los segundos se arrastraban lentamente, cual recubiertos por un espeso y sudoroso manto de sabor dulzón que les limitara los movimientos. La mujer, sentada a la mesa de la inmensa y colorida cocina, rodeada de ajos y pimientos, fatigada por el calor y los males de su cuerpo, se quedó también enredada en ese minuto.
De repente, la mariposa rompió el hechizo alzando el vuelo y salió por la ventana, con una decisión tal, que cualquiera hubiera dicho que llevara meses planeando su rumbo. Ella, al verla, se prometió a sí misma que mientras viviera, no permitiría que volviera a escapar a sus sentidos ninguno de los detalles que hacen cada día diferente y valioso.
Todo ocurrió en un instante. La polilla se posó, con la levedad con la que cae una pluma, sobre el tapón azul de una botella de refresco. Ella, enferma y débil, se quedó mirando aquella enorme alevilla como si en un batir de sus alas se encontraran todas las respuestas a las preguntas que le habían rondado por la cabeza mientras se había visto obligada a guardar cama.
Nunca había podido observar un animal parecido tan de cerca. Pero, con aquel desparpajo (mitad bizarro, mitad estúpido) tan común en las polillas, que se sienten irremediablemente atraídas por peligros hermosos tales como el fuego asesino de algún pábilo candente, aquella decidió asentarse tan próxima que, aunque se limitó a observarla, podría haberla aplastado entre sus dedos sin tener que extender apenas el brazo.
Sus ojos color miel, redondos y casi demasiado grandes para la diminuta cabeza, se movían rápidamente, como comandados por una inteligencia que no se le presupondría a un invertebrado.
El resto de su cuerpo, quizá repulsivo para muchos, se le antojaba repleto de matices y patrones, dibujos fractales de diferentes tonalidades ocres y parduzcas, que no habría podido distinguir en la lejanía. Le resultaba hermoso.
El insecto abrió de pronto la boca y de ella salió un inmenso tentáculo con vida propia que sorbió, probablemente, algún resto de azúcar de la bebida gaseosa sobre cuyo envase estaban apoyadas sus seis patas. Era una especie de latiguillo infinito y enrollado como una espiral, todo del mismo color marrón que el resto de su ser, pero anormalmente largo comparado con éste, y que se movía como a saltos, como a empellones, como si la energía no le llegara de forma continua sino en felices ráfagas de locura.
El tiempo parecía detenido, como invadido por una súbita cachaza que le impidiera avanzar. Los segundos se arrastraban lentamente, cual recubiertos por un espeso y sudoroso manto de sabor dulzón que les limitara los movimientos. La mujer, sentada a la mesa de la inmensa y colorida cocina, rodeada de ajos y pimientos, fatigada por el calor y los males de su cuerpo, se quedó también enredada en ese minuto.
De repente, la mariposa rompió el hechizo alzando el vuelo y salió por la ventana, con una decisión tal, que cualquiera hubiera dicho que llevara meses planeando su rumbo. Ella, al verla, se prometió a sí misma que mientras viviera, no permitiría que volviera a escapar a sus sentidos ninguno de los detalles que hacen cada día diferente y valioso.
domingo, 30 de marzo de 2014
Lírica de la vida sencilla
Para ti, hijo, ansío lo mejor.
Ruego por que tengas una vida normal y corriente. Por que camines con la cabeza gacha, sin apartarte nunca del camino bien perfilado por otros miles de pies. Por que vuelvas del trabajo agotado tras una productiva jornada en la que sacaste adelante cada tarea que de ti se esperaba, relacionada con asuntos que realmente no te importan un bledo.
Quiero que te cases tras un noviazgo de unos tres años. Con una mujer de belleza moderada y que sepa comportarse en sociedad. Que tenga un trabajo medio y te pregunte cómo te fue el día mientras te sonríe y aprecias tristemente la vacuidad de sus ojos e imaginas que ella será a su vez consciente de la tuya. Que tengáis dos hijos, quizá en momentos inesperados, por los que sacrificar algún viejo sueño que, sinceramente, nunca pensaste cumplirías.
Os deseo a ambos que el corazón nunca os rebote con fuerza contra las costillas, sino que simplemente, muy de vez en cuando, lo notéis saltar de manera discreta por acontecimientos que el resto de mortales os han hecho creer que merecen la pena, como comprar un coche nuevo, hacerse con una televisión mayor o fantasear con unas vacaciones en un resort de playa.
Dedica todo tu tiempo libre a la ociosidad tanto como te sea posible. Ríe con los programas de moda y tararea insípidos estribillos de canciones pegadizas cuya letra, en un idioma extranjero, jamás llegarás a comprender.
Y nunca hijo mío, nunca, bajo ningún pretexto, alimentes tu intelecto, pues es un perro infiel cuya hambre no hace sino aumentar cuanta más vianda se le otorga, y los miles de interrogantes que se te plantearán si le abres las puertas al saber no te servirán sino para complicar tu existencia.
Rezo por que resultes gris, insulso y vulgar. Por que la pasión te sea algo ajeno: una palabra hueca que escuchas en las películas estadounidenses que de vez en cuando ves, dobladas, en el cine más cercano a tu casa. Que nunca la sientas, ni por un instante, bombeando fuerte la sangre a todo tu cuerpo, a tus sienes en especial, porque si te alcanza, ya nunca te soltará, como presa entre las duras mandíbulas de una bestia temible y amenazadora.
Porque entonces, te convertirás en un poeta.
Y estarás perdido.
Ruego por que tengas una vida normal y corriente. Por que camines con la cabeza gacha, sin apartarte nunca del camino bien perfilado por otros miles de pies. Por que vuelvas del trabajo agotado tras una productiva jornada en la que sacaste adelante cada tarea que de ti se esperaba, relacionada con asuntos que realmente no te importan un bledo.
Quiero que te cases tras un noviazgo de unos tres años. Con una mujer de belleza moderada y que sepa comportarse en sociedad. Que tenga un trabajo medio y te pregunte cómo te fue el día mientras te sonríe y aprecias tristemente la vacuidad de sus ojos e imaginas que ella será a su vez consciente de la tuya. Que tengáis dos hijos, quizá en momentos inesperados, por los que sacrificar algún viejo sueño que, sinceramente, nunca pensaste cumplirías.
Os deseo a ambos que el corazón nunca os rebote con fuerza contra las costillas, sino que simplemente, muy de vez en cuando, lo notéis saltar de manera discreta por acontecimientos que el resto de mortales os han hecho creer que merecen la pena, como comprar un coche nuevo, hacerse con una televisión mayor o fantasear con unas vacaciones en un resort de playa.
Dedica todo tu tiempo libre a la ociosidad tanto como te sea posible. Ríe con los programas de moda y tararea insípidos estribillos de canciones pegadizas cuya letra, en un idioma extranjero, jamás llegarás a comprender.
Y nunca hijo mío, nunca, bajo ningún pretexto, alimentes tu intelecto, pues es un perro infiel cuya hambre no hace sino aumentar cuanta más vianda se le otorga, y los miles de interrogantes que se te plantearán si le abres las puertas al saber no te servirán sino para complicar tu existencia.
Rezo por que resultes gris, insulso y vulgar. Por que la pasión te sea algo ajeno: una palabra hueca que escuchas en las películas estadounidenses que de vez en cuando ves, dobladas, en el cine más cercano a tu casa. Que nunca la sientas, ni por un instante, bombeando fuerte la sangre a todo tu cuerpo, a tus sienes en especial, porque si te alcanza, ya nunca te soltará, como presa entre las duras mandíbulas de una bestia temible y amenazadora.
Porque entonces, te convertirás en un poeta.
Y estarás perdido.
domingo, 23 de marzo de 2014
Antítesis
Pronto descubrieron que cualquier acción que emprendieran juntos, bien pasiva como hablar, bien activa como un paseo por un parque, los llevaba irremediablemente a hacer el amor de manera apasionada. Quizá fuese porque no se sentía como algo sucio, sino como la única y natural forma en que podían expresar plenamente lo que sentían respecto al otro, tras largo tiempo de brindarse caricias, abrazos y besos castos en la mejilla, en las sienes.
Rápidamente adivinaron que no podían simplemente dormir el uno al lado del otro, sino que habían de mezclarse, de fundirse en desorden bajo las sábanas. Tenían que desdibujar las fronteras que dividían el cuerpo propio del amado, acurrucados como animalillos que buscaran calor, sin tontas ropas que pudieran impedirles encontrar siempre al otro, con cada leve movimiento.
Se dieron cuenta casi instantáneamente de que el rostro que encontraban a su lado por la mañana, que confería luz a la habitación pequeña y casi en penumbra, haría doloroso vislumbrar después la insulsa y pálida almohada, una vez tuvieran que separarse. El té de las mañanas les resultaría amargo, el sol más brillante tenue, el trabajo menos interesante, las charlas algo mundanas...
Y así se daba la mayor de las paradojas, pues si bien estos momentos los llenaban de fuerza y energía y les hacían ver con nuevos ojos, tintados de felicidad sus cristalinos, cada detalle del mundo que los rodeaba; ese mismo mundo exterior se volvía, asimismo, cada vez un poco más gris e insignificante, de tanto como juntos se coloreaban los corazones, de tanto como los pintaban con regocijo.
Rápidamente adivinaron que no podían simplemente dormir el uno al lado del otro, sino que habían de mezclarse, de fundirse en desorden bajo las sábanas. Tenían que desdibujar las fronteras que dividían el cuerpo propio del amado, acurrucados como animalillos que buscaran calor, sin tontas ropas que pudieran impedirles encontrar siempre al otro, con cada leve movimiento.
Se dieron cuenta casi instantáneamente de que el rostro que encontraban a su lado por la mañana, que confería luz a la habitación pequeña y casi en penumbra, haría doloroso vislumbrar después la insulsa y pálida almohada, una vez tuvieran que separarse. El té de las mañanas les resultaría amargo, el sol más brillante tenue, el trabajo menos interesante, las charlas algo mundanas...
Y así se daba la mayor de las paradojas, pues si bien estos momentos los llenaban de fuerza y energía y les hacían ver con nuevos ojos, tintados de felicidad sus cristalinos, cada detalle del mundo que los rodeaba; ese mismo mundo exterior se volvía, asimismo, cada vez un poco más gris e insignificante, de tanto como juntos se coloreaban los corazones, de tanto como los pintaban con regocijo.
jueves, 20 de marzo de 2014
Sinsentidos cóncavos y esdrújulos
Metralla por compasión,
voz de agrio saxofón.
Batallón de envenenamiento,
mentiras lanzadas al viento.
Seca piel de limón,
desvencijar algodón.
Cíclope parturiento,
olor a estarse pudriendo.
Recalcitrante jirón,
estratocúmulo. Perdón.
Alquitrán en movimiento,
cadena de pensamiento.
Idiotas de profesión.
¡Abatan esa canción!
Estrecho apartamento,
dolor que se va lento.
Relincha un esternón,
farándula de apagón.
Súcubo del sarmiento,
malo entretenimiento.
Besos en pelotón,
azul de melocotón.
Labios que no siento,
risa entre el esperpento.
voz de agrio saxofón.
Batallón de envenenamiento,
mentiras lanzadas al viento.
Seca piel de limón,
desvencijar algodón.
Cíclope parturiento,
olor a estarse pudriendo.
Recalcitrante jirón,
estratocúmulo. Perdón.
Alquitrán en movimiento,
cadena de pensamiento.
Idiotas de profesión.
¡Abatan esa canción!
Estrecho apartamento,
dolor que se va lento.
Relincha un esternón,
farándula de apagón.
Súcubo del sarmiento,
malo entretenimiento.
Besos en pelotón,
azul de melocotón.
Labios que no siento,
risa entre el esperpento.
Etiquetas:
Poema,
Spanish,
Surrealista
jueves, 27 de febrero de 2014
Con la a...
Aduladoras alabanzas aletean ante algunos arañando, así, ansiosas almas.
Arquéanse, ariscas aunque animosas, azorando aquellos amores ávidos.
Aunque amarguen ácidos agasajos, alumbran a atormentados amartelados.
Arquéanse, ariscas aunque animosas, azorando aquellos amores ávidos.
Aunque amarguen ácidos agasajos, alumbran a atormentados amartelados.
jueves, 13 de febrero de 2014
...y en la guerra
Querido
Fernando,
Parece
amor mío que fuera ayer cuando partiste, mas han pasado ya seis
meses. Al principio era sencillo hacerte llegar las cartas, cerca
como estabas de casa, pero hace mucho que no sé siquiera dónde te
hallas. Era también antes más fácil escribir líneas optimistas
que te infundieran valor y fuerza en la batalla. Y sin embargo,
ahora, aunque me encuentre lejos del estruendo de los fusiles en la
noche, lejos de los ojos furiosos del enemigo, lejos de las húmedas
trincheras y a salvo, la guerra me ha consumido también.
Tu
madre ocupó las primeras semanas con toda clase de labores que le
permitieran sentarse junto a la ventana: cosía, bordaba, zurcía y
planchaba sin apartar la vista del camino por el que te vimos ir,
como si cada segundo le brindara una oportunidad de vislumbrarte de
nuevo. Sé, aunque nunca lo expresa, que tenía la esperanza de verte
al tanto regresar, vencedor y sonriente, con el puño en alto, feliz
de haber combatido por hacer de nuestra tierra ese lugar mejor en el
que me decías crecería nuestro hijo.
Sin
embargo ella, como yo, cree ahora que todo sueño se torna en una
broma macabra y, si bien marchaste al grito de "no pasarán",
ahora nos vamos enterando de que pasan. Os pasan. Os arrollan. Así
es que no tenemos fuerzas ni para imaginar tu vuelta y, si miramos a
la entrada de la casa, en lugar de verte a ti, se nos aparecen negras
figuras, portadoras de noticias y cartas funestas, por lo que hemos
echado las cortinas.
Nuestro
pequeño Guillermo crece muy deprisa. Le hablo de ti y le cuento tu
visión romántica del mundo y de cómo íbamos a cambiarlo a golpe
de libertad y lucha. Le enseño también fotografías viejas, de
cuando tú eras niño, para que ya desde su más tierna infancia te
tenga como el mayor héroe, como un ejemplo a seguir.
Muchas
veces, a pesar de mis nanas y canciones, se remueve inquieto en su
cunita y alza las manos, agitándolas en el aire como si buscara tu
abrazo, el cariño de ese padre ausente que yo le muestro en
estampitas desdibujadas. Quizá intuya que habrás de perderte sus
primeras palabras y pasos; tal vez incluso la vida entera.
Yo
también te extraño y, aunque lo que me enamoró de ti fue tu fe
ciega en la justicia y tus ansias de libertad, muchas veces me
sorprendo mirando con envidia a los cobardes que prefirieron
permanecer en sus hogares a luchar por un mundo mejor. A veces
desearía que no fueras tan bueno, quizá incluso quererte un poco
menos, a cambio de poder, como los que se quedaron, despertarnos con
besos en la mañana y que tú me infundieras calor en las largas
noches, cuando la habitación me parece demasiado grande y demasiado
oscura, aunque fueran pusilánimes tus caricias.
Para
mí ya no canto, aunque sé que te gustaba. Me parece un sinsentido
irrespetuoso entonar melodías en esta tierra donde hasta los pájaros
han dejado de trinar. Y he empezado a rezar. En la desesperación y
la soledad, cree una incluso en ese Dios injusto del que llevo años
renegando. Le imploro y suplico que te guarde, aunque si existe, bien
sé yo que a ti y a mí no nos ama, ya que de hacerlo, es imposible
que nos hubiera obligado a separarnos de este modo cruel y violento.
Después
me avergüenzo y pienso en cómo me reprenderías y te mofarías de
encontrarme entregada a tales fervores divinos y dogmáticos.
Entonces te rezo a ti mismo y, en susurros, enjugándome las
lágrimas, bulléndome el corazón en el pecho, te pido una y mil
veces que seas capaz de escapar a la muerte y aguantes la desgracia
para que te reúnas conmigo y con nuestro hijo una vez más.
Me
despido de ti diciéndote como siempre que espero tu pronto retorno y
que te aguardo junto a la puerta, mis brazos preparados para
recibirte entre muestras de cariño. Pero he de confesarte, Fernando,
que no distingo ya bien si te escribo todo esto de corazón o si es
sólo la fuerza de la rutina la que me impulsa a cerrar así esta,
por lo demás, triste epístola.
domingo, 9 de febrero de 2014
Sílabas infinitas
No somos Iggy y Nico. Ni Frida y Diego.
Nosotros rimamos. Siempre en consonante.
Tenemos una sintaxis y gramática propias.
Y, sobre todo, un significado.
Yo a veces me siento como un sustantivo.
Tú eres entonces ese adjetivo grandilocuente que lo precede.
Así nos veo como... no sé. Digamos...
"hermoso atardecer" o "estrecha callejuela".
Otras, nos comparo a un verbo compuesto
pero no he dilucidado quién es principal y quién auxiliar.
Y juntos sonamos (soñamos) así como
"hemos caminado" o "habremos vivido".
Nosotros rimamos. Siempre en consonante.
Tenemos una sintaxis y gramática propias.
Y, sobre todo, un significado.
Yo a veces me siento como un sustantivo.
Tú eres entonces ese adjetivo grandilocuente que lo precede.
Así nos veo como... no sé. Digamos...
"hermoso atardecer" o "estrecha callejuela".
Otras, nos comparo a un verbo compuesto
pero no he dilucidado quién es principal y quién auxiliar.
Y juntos sonamos (soñamos) así como
"hemos caminado" o "habremos vivido".
Etiquetas:
Poema,
Proceso Creativo,
Spanish,
Verso Libre
jueves, 6 de febrero de 2014
De la tierra y el amor
La mirada parda que emana de tus ojos
abre mis candados, descorre mis cerrojos.
Se entrega a ti de lleno mi oscuro interior
como la primavera hace abrirse una flor.
El río de tu aliento humedece mi pecho,
entre dos tibias montañas tiene su lecho.
Como harina de pan amasas mi vientre
dándole forma entre tus palmas candentes.
Tu suave lengua recorre como perdida
en mi cuerpo cien callejones sin salida.
Tus dedos se esconden entre mi piel
robando, traviesos, a un panal su miel.
Tus labios ahogan mis últimos gemidos
que resuenan como el mar embravecido.
Te abrazas a mi ser en tu éxtasis ferviente
vertiendo en mis entrañas tu ígnea simiente.
abre mis candados, descorre mis cerrojos.
Se entrega a ti de lleno mi oscuro interior
como la primavera hace abrirse una flor.
El río de tu aliento humedece mi pecho,
entre dos tibias montañas tiene su lecho.
Como harina de pan amasas mi vientre
dándole forma entre tus palmas candentes.
Tu suave lengua recorre como perdida
en mi cuerpo cien callejones sin salida.
Tus dedos se esconden entre mi piel
robando, traviesos, a un panal su miel.
Tus labios ahogan mis últimos gemidos
que resuenan como el mar embravecido.
Te abrazas a mi ser en tu éxtasis ferviente
vertiendo en mis entrañas tu ígnea simiente.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Summer Remembrances
And so I would call his name, his sweet long name, among the trees. I would shout and scream it until, as if from nowhere, he would appear and kiss me on the cheek. Then, we would spend hours in that forest, only sitting on the wet leaves or looking at the clouds and trying to see shapes on them. We would also get on our knees and pray to Goddesses we had just invented, that meant nothing to the world but were all for us.
Some other times we would go down town and enjoy the noise and the dancing and the neon lights like stars on a hard dry sky of concrete and bricks. Those nights, we wouldn't really talk but just enjoy staring at each other's smiles, glowing because of the weird lamps in the discos. Most of the time, knowing he was right beside me was enough to feel at home. I didn't need any superfluous chat.
I would enjoy finding my own reflection in his sea-blue eyes and I knew, even back then, when I was so innocent and so young, that I would never feel happier, safer than between his arms, my face resting on his young, almost childish chest, thinking our love was going to last forever.
Some other times we would go down town and enjoy the noise and the dancing and the neon lights like stars on a hard dry sky of concrete and bricks. Those nights, we wouldn't really talk but just enjoy staring at each other's smiles, glowing because of the weird lamps in the discos. Most of the time, knowing he was right beside me was enough to feel at home. I didn't need any superfluous chat.
I would enjoy finding my own reflection in his sea-blue eyes and I knew, even back then, when I was so innocent and so young, that I would never feel happier, safer than between his arms, my face resting on his young, almost childish chest, thinking our love was going to last forever.
martes, 4 de febrero de 2014
Leer te hace sexy III
Los libreros son una raza de humanos especial. Diferente.
No tienen un color de piel o de ojos característico, pero verás siempre su mirada soñadora perdida entre nubes imaginarias, que los demás no alcanzamos con la vista, y su pelo es a menudo tan rebelde que parece que tuviera propia vida o continuamente le pasaran tornaditos y vendavales muy cerca.
Una no puede evitar enamorarse de sus manos suaves, acostumbradas a pasar con mimo las hojas, a acariciar los lomos mientras colocan éste o aquel ejemplar, dejado fuera de lugar por algún cliente desaprensivo, en la estantería correcta.
Una no puede dejar de amar esa sonrisilla cuasi tímida que visten; sus gafas que, a veces, resbalando, se ven como a punto de hacer un triple salto mortal con tirabuzón desde la punta misma de sus narices, pero que ellos empujan hacía atrás con un gesto mecánico, despistado.
Una no puede hacer nada para no sentir cosquillas en el alma, que debe estar localizada cerca de las entrañas, cuando realiza, junto a un librero, una búsqueda exhaustiva y, finalmente, uno de los dos encuentra el tomo deseado y se sonríen y lo ojean juntos. Y ahí debe una aferrarse con uñas y dientes a todo su saber estar, a esos nervios de acero de los que hace gala en ocasiones, para no besar apasionadamente los labios de ese que comenta cómo le gustan también a él las letras que ella sostiene, contenta, entre las manos, o incluso abraza contra el pecho.
Ocurre que a veces esa frialdad, como digo, muy necesaria para que la captura y sucesiva compra de un libro no se conviertan también en un romance fugaz pero eternamente guardado con celo en el recuerdo, no se digna aparecer. Sucede que, sin saber muy bien cómo ha llegado allí, una descubre su mano entre los mechones, los matojillos y matorrales de pelo cobrizo de un joven trabajador del negocio de los sueños impresos. Va pasando, y pasa, que entre el olor de palabras grabadas en tinta para la eternidad se escribe también un roce como casual, después un intencionado ósculo.
Y el mal está hecho. Y el bien está por llegar.
No tienen un color de piel o de ojos característico, pero verás siempre su mirada soñadora perdida entre nubes imaginarias, que los demás no alcanzamos con la vista, y su pelo es a menudo tan rebelde que parece que tuviera propia vida o continuamente le pasaran tornaditos y vendavales muy cerca.
Una no puede evitar enamorarse de sus manos suaves, acostumbradas a pasar con mimo las hojas, a acariciar los lomos mientras colocan éste o aquel ejemplar, dejado fuera de lugar por algún cliente desaprensivo, en la estantería correcta.
Una no puede dejar de amar esa sonrisilla cuasi tímida que visten; sus gafas que, a veces, resbalando, se ven como a punto de hacer un triple salto mortal con tirabuzón desde la punta misma de sus narices, pero que ellos empujan hacía atrás con un gesto mecánico, despistado.
Una no puede hacer nada para no sentir cosquillas en el alma, que debe estar localizada cerca de las entrañas, cuando realiza, junto a un librero, una búsqueda exhaustiva y, finalmente, uno de los dos encuentra el tomo deseado y se sonríen y lo ojean juntos. Y ahí debe una aferrarse con uñas y dientes a todo su saber estar, a esos nervios de acero de los que hace gala en ocasiones, para no besar apasionadamente los labios de ese que comenta cómo le gustan también a él las letras que ella sostiene, contenta, entre las manos, o incluso abraza contra el pecho.
Ocurre que a veces esa frialdad, como digo, muy necesaria para que la captura y sucesiva compra de un libro no se conviertan también en un romance fugaz pero eternamente guardado con celo en el recuerdo, no se digna aparecer. Sucede que, sin saber muy bien cómo ha llegado allí, una descubre su mano entre los mechones, los matojillos y matorrales de pelo cobrizo de un joven trabajador del negocio de los sueños impresos. Va pasando, y pasa, que entre el olor de palabras grabadas en tinta para la eternidad se escribe también un roce como casual, después un intencionado ósculo.
Y el mal está hecho. Y el bien está por llegar.
sábado, 1 de febrero de 2014
Leer te hace sexy II
Yo soy, sobre todas las cosas, una mujer que lee.
Yo soy una mujer que lee sobre todas las cosas.
Yo estoy sobre todas las cosas: soy una mujer que lee.
Yo soy una mujer que lee. Todas las otras cosas sobran.
Yo soy una mujer que lee sobre todas las cosas.
Yo estoy sobre todas las cosas: soy una mujer que lee.
Yo soy una mujer que lee. Todas las otras cosas sobran.
viernes, 31 de enero de 2014
Leer te hace sexy
Ella es, de todas las cosas posibles, ni mesa, ni silla, ni árbol, ni piedra.
Ella es, de todas las cosas posibles, una mujer con un libro.
Y así es que ella, leyendo, es mesa, es silla, es árbol y es piedra.
Y así es que ella, leyendo, trasciende y deja de ser una mujer con un libro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)